A que va a ser verdad... que la Navidad existe... | @utilcampo


A que va a ser verdad... que la Navidad existe...

No quisiera aguaros la fiesta, pero me llega por los sentidos que el horno no est para bollos. En una y otra conversacin entre amigos me afano en contrastar la situacin para no hacer una tragedia de la situacin econmica. Saco lo positivo de quienes an no les amarg la #crisis, pero la realidad cae por su propio peso. Y es que, an siendo las #Navidades una de las fiestas ms queridas, se nota que arrastramos pesimismo grisceo en la empresa, el comercio y hasta en la familia.

Ultilcampo
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Publicado el 18-12-2013

Este año 2013 entró torcido porque teníamos desde el principio las miras puestas en un 2014 lleno de expectativas, todas en el aire, pero que brindan la esperanza de salida del agujero. Ya en diciembre no queremos ni echar la vista atrás. Duele. Enero será colorido, frondoso, ilusionante, capaz, o esperanzador, al menos. Mientras llega, contamos las horas, nos enfundamos el traje de “Feliz Navidad” y atendemos a los requisitos de la fiesta.

 

En la empresa el mes de diciembre siempre lleva prisas, con vacas flaca, más. Hacemos el #cierre del año, cuadramos los números (aunque sea con calzador), contamos y recontamos el stock existente, las faltas, sobras y desapariciones. Nos sale del alma eso de “a mí no me preguntes, que yo no sé nada…”. Son 30 días cortos que pasan rápido, más que cualquier febrero, mucho más. #Diciembre en el trabajo tiene días de mucha faena, pero también otros en los que podríamos sacar la pandereta y cantar “ay del chiquirritín…” Se da la relación de familia, pero sin serlo, es curioso.

 

En otro escenario, si tienes ocasión de pasear por centros comerciales y observas el gentío (caminante que caminas…), verás mucho personal, demasiado, ¿no? Y te preguntas: "¿pero dónde está la crisis? ¿De dónde sale tanta gente?" Da igual, no te extrañes, todos los asistentes seguirán consumiendo, pero conforme a sus posibilidades, igual que tú, adaptado a las circunstancias. Si son más o menos, y si su nivel de compras baja o sube, el tiempo o el Sr. Montoro nos lo dirá. El caso es que todo se mueve un poco más porque es Navidad. Así son las cosas, y así es diciembre.

 

En casa es distinto. Peparamos como algo especial la cena familiar, con esmero. Con más o menos posibilidades haremos del par de momentos algo excepcional que los diferencie de la diaria cenafría mirando “El Intermedio” en el televisor. Con suerte, y para tales eventos gastronómicos, no hay  desplazamientos de una ciudad a otra, pero aquel que tenga obligación de salir las noches señaladas, siempre llevará encima la cruz del “si bebes no conduzzzcas”. El rato debe ser agradable (riñas familiares aparte), vestidos con las mejores galas, (limpios, al menos...). También solemos atender especialmente a los niños, a los propios también, y en concreto nos fijamos en las formas de la retro-educación que les aplican sus abuelos. Hacemos como si no nos importara, "total, por una noche..." Y yo me pregunto: ¿Puede haber alegrías forzadas en esos ratos? Pues no lo creo. El vasito de vino suelta la lengua de los cuñaos, de la nuera y hasta del primo que acude a casa de visita relámpago. El retrato es único, un bodegón familiar no apto para sentimentaloides. Hay que vivirlo. Me mondo!

 

Sacamos en claro un positivismo originado por el punto de inflexión que parece intrínseco al comienzo y final del año (...palabreja esta de “intrínseco”, qué significará?). Vemos que en Navidades todos nos movemos un poco más que cualquier otro mes, gastamos lo que podemos y somos mejores personas, de hecho nos esforzamos por no echarle mano al enterao de turno que nos tocó lidiar durante la cena (angelito…)



La llamada crisis (maldita) parece un accidente, una bajada de escalón económico en el que a muchos se les torció el tobillo que más duele: el laboral. Lo sentimos cada día y costará recuperarse, pero no acabará con nosotros y así será, y es por lo que yo brindo, ea! Feliz Navidad!

 

Moisés Zamora Bayo

 

 

 

 

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