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Resistirse a la Ambicin

Una opcin inteligente que evitar la cada vertiginosa

Ultilcampo
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Publicado el 25-09-2012

El criterio a seguir en la toma de decisiones del empresario conlleva el riesgo de sobrevalorar las propias posibilidades del negocio. Ocurre esto cuando pretende abarcar más de lo que es capaz de desarrollar. Dejarse llevar es un peligro de graves consecuencias y que a menudo sobreviene, simplemente, por un desconocimiento de la empresa. A fin de sortear tal despropósito conviene seguir pautas de autoevaluación, y si el resultado del análisis supera un límite determinado, el sentido común dicta dejar pasar la operación, “resistirse a la ambición”, lo cuál, en contra de lo que parece, puede reportar pingües beneficios.

Financieramente toda empresa es clasificada por su solvencia y capacidad, así que resulta fácil detectar la actuación de riesgo por asfixia económica. Puede ocurrir en algún caso que, con reservas monetarias justas, falle el cobro de una operación importante, y donde se preveía recabar ingresos vitales, no se obtenga nada. Si se carece además de la garantía de un seguro que respalde la transacción, el castillo suele desmoronarse. ¿Es evitable trabajar tan justo? La “apuesta” que sobrepasa la frontera de seguridad económica se detecta también, por ejemplo, en obligarse a soportar excesos de stock de difícil rotación, o en no reparar las carencias logísticas para enviar mercancía a los clientes, o también en el defecto de procesos que incumplen reiteradamente los plazos de entrega, o aún más grave, en suministrar calidades carentes del control pactado. Todas ellas sobrepasan límites de capacidad.

Comprometerse a cumplir objetivos sin evaluar un posible fallo súbito también puede resultar una imprudencia de querer y no poder. Cuando el viento viene de cara no se advierte anticipadamente el fin de la buena racha porque la atención diaria –como práctica común- se centra en reforzar la labor que reporta más beneficios, tendiendo hacia la especialización de trabajos bien remunerados, sin apercibirse que algún mal día puede caer la actividad y tras de sí la empresa. Si sumamos a esto la probable inversión en infraestructura realizada y proyectada en base a cálculos de la época de bonanza económica, será imposible mantener el ritmo de costes y la dinámica de la empresa se ahogará.

Evitar la debacle promovida por un exceso de ambición es posible manteniendo unas pautas de actuación empresarial. En primer lugar ayudaría a gestionar la organización pararse a conocer y analizar las fortalezas y debilidades circunscritas en su entorno; también sería necesario posicionarse en el mercado –segmentar, orientar la acción comercial, no entrar en sectores ajenos- partiendo de las propias posibilidades y de las de la competencia; habría que contar con respaldo financiero suficiente para afrontar retos que superaran ocasionalmente la marcha normal de la empresa; en la medida de lo posible no entrar al trapo sobre provocaciones comerciales, saber decir no cuando la competencia acomete operaciones importantes, pero fuera de nuestro alcance; y por si acaso, diversificar el mercado y asegurar las operaciones debidamente.

Una vez se actúe en esta línea (del buen hacedor) pueden obtenerse beneficios de índole económica, en imagen, organizacionales (y hasta de salud personal), todos derivados de las siguientes ventajas cosechadas: - Más que probable reducción de pérdidas dinerarias: por refuerzo del espíritu de cautela. - Una mayor resistencia comercial basada en la capacidad y flexibilidad que aporta la concordancia existente entre oferta y demanda (tamaño del negocio y sus pedidos). - Repercusión positiva en el trato y estimación de los acreedores, los cuáles depositarán su confianza futura sabiendo que la dimensión de la organización coincide con la exigencia del mercado. - Asunción con mayor entereza financiera de los posibles impagos. - Posible salida victoriosa: tras una crisis –pocos imaginaban el caso de España- la opinión generalizada es que el negocio que la resiste sale reforzado, y por tanto con el reconocimiento de clientes y proveedores por la sobriedad expuesta.

Concluyamos pues que el hecho de resistirse a la ambición puede aumentar la cuenta de resultados si tal decisión es producto de un estudio interno que tenga en cuenta la propia capacidad del negocio.

Moisés Zamora

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